
Una vez al año el parque de La Industria llena sus bodegones con libros. Cientos de niñas, niños, jovencitas, jovencitos y también padres y maestras llegan a ver qué ofrecen a la vista y los ojos las editoriales y los escritores. Es una fiesta con algarabía y diversiones pero al mismo tiempo en salones contiguos se habla seriamente.
Los autores y personalidades del mundo literario se dan cita allí para enunciar sus opiniones, o sus pensadas reflexiones sobre el acontecer intelectual de los textos que han leído o han escrito. Una actividad como ésta debiera, por los pocos días de su duración, ser el centro de nuestra atención, porque vivimos rodeados de una sobre dosis de noticias que hablan negativamente de la vida que tenemos, y son ciertas, pero igualmente reales son el teatro, la fotografía y otras actividades que están continuamente dando vida a nuestra realidad.
Decía Rafael Mendive que a la vida se llega con dolor, pero se sale de él por la poesía. Y es que el arte nos hace equilibrar y entender qué sucede y sin engañarnos podemos saber cuáles serían las soluciones. Esto lo aprendemos en libros, igual que nuestras más queridas ilusiones y nuestras más grandes visiones.
También por el arte, y en especial por la literatura conocemos la libertad. Sin esa invencible letanía que nos viene desde los tiempos más remotos, no sabríamos a qué sabe sentirse libre. Desde el Hitopadeza, ese extraño libro de libros, hasta en los blogs y sus fantásticas creaciones, pasando por las pintas en las calles, experimentamos la irreductible fuerza de la palabra.
Ahí van el cuento extrañísimo, el poema críptico, el novelón revelador, hasta el poemario perfumado: todo para realizarse en nuestra imaginación sin ningún límite, sin ninguna obligación, sin más que la libre expresión, que nos sumerge en el más allá de lo visto y soñado. Sin literatura no sabríamos sentirnos libres, no entenderíamos nuestra condición de ser humanos, no comprenderíamos esto que nos rodea lleno de misterios.
Podríamos decir, de esta Filgua 2009, que falta un poco de más orden, que faltan más editoriales, que debería ser cada dos o tres años, que debería haber más concursos y ofertas, que incluso los expositores debieran ser más puntuales, pero lo cierto es que una feria de libros es maravillosa.
Con todas y estas observaciones lo que tenemos enfrente es el resultado del esfuerzo de muchas gentes para producir libros, y que estos lleguen a formar parte de la vida de cada persona.
Un libro es el fin de horas de tensión en el autor, luego del corrector, después del editor, el diagramador y el ilustrador. Ya así, viene la imprenta y sus varios pasos y técnicas, para terminar siendo una cosa y su secreto, con ese olor a tinta nueva que despeja cualquier duda sobre su pequeño cuerpo de papel, lo queremos leer.
FUENTE: Diario de Centro América. Editorial. Pág. 8. Guatemala, martes 28 de julio de 2009
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24 de julio al 2 de agosto de 2009. Ciudad de Guatemala - Parque de la Industria - Salones 4, 5 y 6
