Por: Nancy Arroyave

Eraclio Zepeda (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1937), una de las plumas mexicanas más representativas del siglo XX y del actual, tiene la magia de atrapar al público con sus historias. No sólo a través de sus libros; es ya legendaria su trayectoria de “cuentero”, como él mismo llama al arte de narrador oral que heredó de su padre y de la que hizo gala durante la presentación de su libro Las grandes lluvias, en Filgua 2008.
Con justa razón alguien le dijo un día: “su libro es como el abuelito que nunca tuvimos”.
—Dice que en Guatemala se siente como en casa. ¿Por qué?
Mi padre decía: “Chiapas y Guatemala, plumas de una misma ala”. Él vivió acá desde muy joven, huyendo de una represión política en México y cuando regresó a Chiapas se convirtió en un auténtico embajador voluntario de Guatemala. Cuando yo tenía como 10 años vivíamos en Tapachula y viajábamos a Quetzaltenango y a San Marcos. Un día le pregunté: “¿Cómo es el resto de Guatemala?” Y él me dijo: “Haz de cuenta que como México, pero sin lo feo”. Además están la cultura, las costumbres y el habla. Hay muchos hilos compartidos.
En mi casa había dos bibliotecas: la de libros y la de palabras. La sobremesa era una feria de relatos orales.
—¿Dónde adquirió la capacidad extraordinaria de narrar?
En mi casa. Allí teníamos dos bibliotecas, la de libros, que es muy importante, y que venía desde los tiempo de mi bisabuela —personaje principal de Las grandes lluvias. La otra gran biblioteca era la de palabras, porque al terminar la comida, en la sobremesa, había siempre una verdadera feria de relatos. Mi papá era un gran cuentero. Hay que diferenciar entre el cuentero y el cuentacuentos. El cuentero es un artista, mientras que el cuentacuentos es un actor.
—¿Usted es el hijo mayor?
El hijo mayor y el hijo único durante mucho tiempo. Por muchos años fui hijo único, nieto único y sobrino único. Tuve una infancia muy consentida, pero nunca fui un inútil. Tal vez porque la escuela militar me ayudó.
—Usted ha escrito poesía, novela, cuento, teatro... ¿cuál es su género favorito?
Por muchos años mi reino fueron los cuentos, tanto orales como escritos. Siempre fui muy inquieto, fui un gran viajero y he tenido muchos oficios.
—¿Cómo cuales?
Fui criador de ganado, fui carpintero. Lo que me gustaba era viajar continuamente. Por eso me faltaba disciplina para la novela. Pero al llegar a la mediana edad vi que era tiempo de escribirla. Aquí jugó un papel importante el consejo del escritor mexicano Alfonso Reyes: “para escribir novela hay que tener municiones en las nalgas”, porque hay que estar sentado (ríe).
—Usted vivió en Cuba, en Rusia, en China continental durante la guerra fría. ¿impactó su narrativa la caída del muro de Berlín o la globalización?
Sin duda. Pero siempre procuré dividir mi acción política de la literaria.
—¿Cómo entiende el compromiso?
Como ciudadano. Prefiero aislar el ejercicio literario.
—¿Qué le sugiere cada género que ha cultivado? ¿Poesía?
Ritmo
—Teatro
Misterio
—Cuento
Alegría. Alegría y precisión
—Novela
Un largo caminar del brazo del personaje
—¿Y periodismo?
La curiosidad
—¿Qué piensa de que en Guatemala se lea su obra?
Para mí siempre será una enorme alegría que se conozca y se lea.
En FILGUA 2008
Unidos por las letras y el amor
Los escritores mexicanos Eraclio Zepeda y Elva Macías llevan más de 45 años de matrimonio.
En los últimos años, decidieron dedicarse de lleno al oficio de escribir. “Trabajo más que cuando trabajaba”, comenta Macías, quien en Filgua 2008 presentó su poemario Imperio móvil.
Zepeda presentó la novela Las grandes lluvias, la primera de una tetralogía histórica que terminará en el 2010.
En Filgua Eraclio Zepeda presentó Las grandes lluvias.
FUENTE: Prensa Libre. Cultura. Pág. 72. Guatemala, lunes 11 de agosto de 2008.
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