Inicio » Prensa » Guatemala, jueves 31 de julio de 2008

El valor de lo que no sirve

Por: Carolina Escobar Sarti

Se dejan de hablar, se separan y hasta se matan por dinero, joyas o casas, pero ninguna familia —que yo sepa— se ha peleado por libros. Incluso, cuando se reparten los bienes luego de la muerte de un ser querido, los parientes tratan de ver a quién se los endosan, qué biblioteca los acepta o en qué centro educativo los depositan. Y aunque suene contradictorio, es una suerte que así suceda, porque de esta manera ha caminado el conocimiento a lo largo de los últimos siglos. Mejor eso, que la indiferencia de una caja llena de libros en una bodega húmeda o cientos de ellos ardiendo en hogueras de “Libros Rojos”, como sucedió en nuestro país durante el conflicto armado.

¿Para qué sirven los libros?. Según la óptica, para nada o para mucho. Argumente lo que quiera: no son bienes económicos, se usan para someter y domesticar a otros citando continuamente frases y teorías de manera dogmática, pueden meter ideas “raras” en la cabeza a las personas, ocupan mucho espacio en las casas y, además, no son decorativos. Sin embargo, para mí los libros son la prueba irrefutable de que existimos como especie. Todo el conocimiento adquirido por la humanidad se ha recogido en libros, y éstos han caminado por encima de las épocas, a pesar de los pesares. Incluso aquellos que no saben leer, viven en un mundo que se ha ido haciendo de palabras sobre palabras, de libros sobre libros, y no escapan a su influencia.

No acostumbro a endulzar oídos, pero es la primera vez en décadas que un gobierno guatemalteco apoya una Feria Internacional del Libro (Filgua) en nuestro país. Es un buen síntoma de que nos movemos y un presagio para futuros menos violentos si continuamos por esta ruta. En esta ocasión, el vicepresidente no solo estuvo en el lanzamiento de la Feria que se llevó a cabo en el Palacio Nacional de la Cultura, sino que también en su inauguración. El Ministro de Cultura dio la bienvenida a los escritores internacionales y nacionales, y ofreció una cena en su honor que muchos de ellos no olvidarán. Ante tanta ausencia de un Estado debilitado, esa presencia vale, no por quienes están en un gobierno, sino por el apoyo del Estado a la cultura del país y la región.

Niños y niñas han estado tocando los libros, acercándose a ellos y leyendo en el suelo.

He estado en la Feria desde el primer día y, como espacio de cultura, siento que está vivo. Desde la charla inaugural del escritor mexicano Carlos Monsiváis que me tocó en suerte conducir, hasta las exposiciones de académicos y escritores desde tan diversas visiones, se han abierto interesantes espacios de reflexión y debate. Niños y niñas han estado tocando los libros, acercándose a ellos y leyendo en el suelo, o simplemente escuchando lo que varios cuentacuentos prepararon para ellos. A las lecturas de poesía y narrativa han asistido hasta 30 o más personas, a pesar de ser lunes y martes, con todo y aguaceros. La presencia del Cuarteto Contemporáneo de Cuerdas congregó también a muchas personas en uno de los salones de la Feria en días pasados. Interesantes audiovisuales y charlas se han presentado continuamente y seguirán hasta este domingo, cuando la Feria concluya. Quizás uno de los aspectos más importantes, es que las mujeres han tenido espacio y voz en esta Filgua. Salones con sus fotos y nombres, espacios de creación poética, lectura de obra o como conferencistas, de manera individual o colectiva, han encontrado un territorio para expresarse. Llámeme Quijota, pero creo en la palabra y no en las armas, en el valor de los libros y no en el de nuestra falible memoria. Que se repita.

FUENTE: Prensa Libre. Opinión. Pág. 18. Guatemala, jueves 31 de julio de 2008.