Por: Nora Martínez

En principio, el término de literatura infantil es relativamente reciente, pues muchos de los cuentos clásicos no fueron escritos para niños. Fue cuando el concepto de infancia se generalizó a finales del siglo XIX, que se consideró la necesidad de contar con historias diferentes a las de adultos.
Tenía solo cuatro años, su vida transcurría entre el colegio y la casa, pero a pesar de eso todavía no aprendía a leer. Llegaba la hora de dormir y Rodri señalaba un libro blanco, el que más conocía, los otros, llenos de color, solo existían de día. La preferencia se centraba en aquel que compró una tarde cuando sus hermanos escogieron en la librería todo lo que quisieron, mientras él tímidamente se decidió por ese... ¡Ah! el "dichoso" libro blanco pudiera haber sido su almohada, no dormía sin Una historia con mil monos, un tomo angosto de ilustraciones simples: monos locos que brincaban de las páginas, un científico desesperado, telegramas confusos que cruzaban los personajes. La historia no tenía sentido si no se contaba con los gestos de su mamá, con quiebres de voz, simulaciones y chasquidos. Para él la experiencia literaria llegaba por el oído y por esos gestos que despertaban su imaginación. Cada noche su mente elaboraba mundos distintos con la misma historia. Rodri cuenta que otros niños del colegio comenzaron a tener interés por las historias cuando aprendieron a leer, pero de pronto ya no les gustaba hacerlo.
La literatura para niños es una necesidad porque contribuye al desarrollo integral y la capacidad creadora, además consolida el sentido estético, la sensibilidad y la intuición.
Lo que les gusta
Para los niños, algunos cuentos resultan, como el de Rodri, experiencias recreativas, momentos para reír. Otros, en cambio, no son tan atractivos. ¿Son las imágenes o las historias lo que cautiva pequeños lectores? A Rodri, definitivamente, las imágenes "picaron" su curiosidad, pero la historia lo atrapó. A partir de aquel libro blanco, se despertó su deseo de leer, de abrir los libros que la maestra tenía en un rincón de la clase.
Los especialistas en el tema han observado que las familias que fomentan la lectura y la disfrutan, crían niños lectores. Mientras los niños se acostumbran a la lectura repetida de sus libros favoritos, se desarrolla la asociación de los sonidos de la palabra con la palabra escrita. Los ritmos y los sonidos que los niños gozan llevan consigo la alegría del mundo de la lectura y les ayuda a construir su sensibilidad. En cuanto a la selección de temas, pueden abordarse los cuentos clásicos de aventuras o del descubrimiento de nuevos mundos, también se trata de la superación de los miedos, la libertad, las aspiraciones, el mundo de los sueños y los deseos. Es muy importante que los padres o los maestros sepan escoger las lecturas.
Para Ani Martínez, profesora de Literatura del Colegio Internacional Montessori, en este aspecto, es necesario adecuar la literatura para niños y no se intente tratarlos como faltos de inteligencia, porque a veces "los temas, son muy pesados o son muy simples". Al respecto, el escritor Francisco Morales Santos, dice que se debe tomar en cuenta la creatividad y el juego, para que el niño se sienta atraído y encuentre gusto para acercarse a la lengua y adquirir habilidades de expresión, pues "para la creación no hay niño desvalido". También refiere que Luis de Lión —autor de El tiempo principia en Xibalba, una de las novelas emblemáticas de la literatura nacional— fue uno de los primeros escritores en reflexionar acerca de llenar esa necesidad de manera responsable, cuando se manifiesta en los años 70 en contra de una literatura "infantilista y moralista". Un buen libro infantil posee una redacción cuidadosa, con frases cortas para que el niño no se confunda, la historia debe ser dinámica para mantener el interés de la lectura. Los libros de lento avance aburren. La experiencia literaria para los niños entra por los sentidos, como la comida. Para Rodri, el consumo de historias infantiles no ha sido forzado como el de comer verduras, le gusta comprar libros más que seleccionar un brócoli, le gustan los cuentos divertidos.
Un país de Lectores
En principio, el término de literatura infantil es relativamente reciente pues muchos de los cuentos clásicos no fueron escritos para niños y el concepto de infancia se generalizó a finales del siglo XIX, cuando se consideró la necesidad de contar con historias diferentes a las de adultos. Los primeros libros para niños surgieron en Guatemala como iniciativa del Ministerio de Educación a finales del siglo XIX. Sin embargo, el primer libro dirigido a los niños que sentó las bases teóricas de este género en el país fue Mi niño, poesía infantil de Daniel Armas, escrito en 1929.
El primer intento de recopilar tradición oral guatemalteca para la literatura infantil fue la colección Colorín Colorado (1984) de Editorial Piedra Santa. En Guatemala la literatura infantil es un género joven que aún no se afianza, según Frieda Morales del Barco, doctora en Letras y especialista en literatura infantil. Agrega que Guatemala difiere de otros países latinoamericanos en que aquí primero se teorizó antes de tomar la tradición oral como materia prima de cuentos para niños.
Ante este panorama, más de algún padre de familia preguntaría ¿Entonces, para qué literatura infantil si antes se aprendía a leer en los libros escolares de "lectura"? Se podría decir que los libros infantiles aportan a los pequeños la idea de imaginar a su manera lo que se relata en las páginas de los libros. En ese aspecto, Morales Santos opina que producir literatura para niños "es una necesidad permanente porque contribuye a su desarrollo integral y de manera concreta a su capacidad creativa".
Entre gustos y colores se hacen historias y cuentos, y aunque no sea fácil cubrir todas las necesidades de los lectores, si es necesario que todos en Guatemala aprendan a leer para desarrollar mentes creativas, capaces de construir ideas y criterios para enfrentar la vida. Pero para desarrollar un país de lectores, la tarea es desde ahora. Según Ani Martínez se necesita que los maestros sean personas que disfruten de la literatura para que puedan transmitir su pasión y sugiere que se publiquen "periolibros" para desarrollar lectores, debido a los precios de los libros. Francisco Morales dice que requiere el compromiso permanente del Estado de dar a todos los guatemaltecos la oportunidad de acceder a la educación sin limitaciones y crear hábitos de lectura.
Han pasado nueve años desde que Rodri leyó la historia de monos, ahora le fascina la idea de ser el personaje de un cuento, se pasea con confianza entre los pasillos de la librería y toma varios libros aunque tenga que escoger solo uno. ¿Qué vas a hacer con el libro de monos? le pregunto —No sé —dice, encogiendo los hombros— lo voy a guardar para cuando tenga hijos.
FUENTE: La Revista / Diario de Centro América. Pág. 11. Guatemala, viernes 25 de julio de 2008.
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