Por: Alejandra Gutiérrez Valdizán

Raúl Figueroa Sarti: editor y organizador de Filgua 2008
Es el fundador de F&G Editores, una de las editoriales más fructíferas del país. Además de producir libros, le interesa producir lectores. Desde 2006 es presidente de la Gremial de Editores de la Cámara de Industria, organizadora de la Filgua.
Con la experiencia del editor, promotor y amante de los libros, Raúl Figueroa describe el ambiente de las letras en el país.
—¿Cuáles son las principales intenciones de la Filgua?
Queremos que se convierta en una vitrina para la producción nacional de libros, pues la escasa red de librerías del país no nos permite que todos los libros hechos en Guatemala estén en las librerías y en sus vitrinas. La idea es que al menos una vez al año, los guatemaltecos puedan ir a la feria y encontrarse con todos los libros hechos aquí. Pero además, el plan es convertir a Filgua en una feria regional centroamericana. Deseamos contribuir a conocernos más, para que al menos en Guatemala podamos saber lo que se está haciendo en los otros países, y que los editores tengan un espacio para proyectar su producción hacia afuera de la región. Además, como buena feria, también hay actividades abiertas para todo el público.
—Las cifras de la producción editorial son alentadoras, ha habido un crecimiento exponencial de la producción de libros en Guatemala. Pero, ¿se multiplican también los lectores, o es que los mismos leen más libros nacionales?
Creo que las dos cosas, sin duda hay más demanda de libro nacional. Es importante que, en el 2007, entre los textos más vendidos se ubicaron obras hechas en Guatemala. El lector asiduo lee más, pero también surgen nuevos lectores, lo que no sé es si el crecimiento de los lectores se da en la misma proporción que la producción editorial. Otro punto es que hay muchos libros subsidiados por el Gobierno, por ONG y organismos internacionales, éstos no se comercializan, son donaciones y no se sabe si se están leyendo o no. Pero hay una buena proporción de libros que sí son producidos con interés comercial, y si no se vendieran no se producirían. También hay una proporción entre un 40% y 50% de ediciones que son pagadas por el mismo autor. Todavía la industria editorial está poco desarrollada.

—¿Los autores se autopublican por qué los editores no se arriesgan?
Se debe a distintas razones, la primera es que es difícil arriesgarse con un autor desconocido. Y es por las limitaciones financieras pues, a pesar de este crecimiento, según mi experiencia una edición de mil ejemplares de un, libro aquí en Guatemala puede llevar entre tres y cinco años en agotarse. Es una inversión de muy largo plazo. Otro tema es que no hay comprensión del mercado del libro, el autor a veces no hace cuentas de los gastos que implica editar, distribuir y promover un libro y prefiere hacerlo todo, y piensa que ganará más al hacerlo él. Y también, muchos libros se publican por vanidad, no por calidad, el autor piensa que será el best seller del año y que se debe publicar.
—¿Es el libro guatemalteco producto de exportación?
Particularmente a Estados Unidos. El otro mercado es Centroamérica, pero aún a baja escala. Como editorial estamos enviando entre un 10% y un 30% de nuestras ediciones a Estados Unidos. Pero creemos que nuestro principal mercado es, y debe ser, Centroamérica, de allí que en la feria estemos organizando el encuentro de escritores centroamericanos. Muchas veces la gente no compra un libro de un escritor costarricense porque no lo conoce.
Debe haber una integración cultural centroamericana, la libre circulación de las ideas es fundamental.
—Vuelvo al tema de los lectores. ¿Nos interesa conocer?
El principal problema es el analfabetismo. Por un lado, el real y por otro, el funcional, de gente que tiene los instrumentos para leer, pero no lo hace. El otro gran problema, no es el alto precio de los libros que se suele plantear, si no el bajo poder adquisitivo de los guatemaltecos. Creo que si nosotros hacemos una comparación en términos absolutos de precios de los libros, vamos a encontrarnos con que el libro guatemalteco es barato. Pero el problema es que el salario mínimo es demasiado mínimo.
—Eso es cierto, pero los que pueden comprarlos ¿valoran la lectura?
Según las estadísticas, sí ha habido un incremento en el gasto en productos de lectura. Pienso que la gente valora la educación como una vía de mejorar su situación económica e invierten en ello. El dilema es cuando te encuentras entre comprar un libro o comprar el frijol para el mes, esto reduce a nuestros potenciales compradores. Si tuviéramos cifras sobre las visitas que reciben las bibliotecas, verías que sí hay gente que lee. Y que hay más gente que lee, que la que solemos creer. Otro factor es que las bibliotecas son insuficientes y no tienen recursos, en muchas de ellas su principal recurso es el entusiasmo del bibliotecario. Y esto debe cambiar, tanto el Gobierno central, como las municipalidades deben cumplir su función de desarrollar las bibliotecas. Solo con que el Gobierno comprara los libros guatemaltecos para todas las bibliotecas públicas se apoyaría a la industria y éstas se convertirían en un centro' atractivo para los lectores.
—El otro tema son los impuestos a los libros.
Guatemala y Chile son los únicos países de Latinoamérica en que los libros pagan IVA, si lo quitaran estaríamos bajando un 12% el precio del libro. Es un tema que tenemos en agenda y planeamos retomar. Es necesario hacer una evaluación, porque es cierto que el país tiene problemas fiscales, pero si queremos abrirnos a mercados internacionales, no podemos ser competitivos si tenemos impuestos que no tienen otros países.
—El impuesto trata al libro como a cualquier otro producto, sería necesario evaluar su aporte cultural.
Exacto. Promover el libro sería muy saludable para la industria editorial y para la cultura en general, pues uno de los principales bienes culturales es el libro. Son problemas que tenemos que resolver los editores, pero también los gobiernos centroamericanos, porque al hablar de integración, un factor importantísimo es que los mismos centroamericanos nos conozcamos. Debe haber una integración cultural centroamericana, la libre circulación de las ideas es fundamental. Nuestra meta es que el libro se convierta en un tema de la agenda de desarrollo nacional, tan importante como el tema ambiental, o la pobreza, porque la mejor manera de salir de la pobreza es el desarrollo intelectual, estamos en una época donde pesa mucho el conocimiento. Y, sin duda, el principal medio de transmisión del conocimiento, con todos los desarrollos tecnológicos que hay, sigue siendo el libro.
—Esa lucha por la vida de los libros, ¿Convierte a los editores en quijotes?
Hay quijotes y hay empresarios puros y duros que publican solo lo que se vende. En algunos casos se publica solo el libro que tiene garantizadas ventas inmediatas. En otros países, si en tres meses no se vendió, es guillotinado. Esto es un problema grave para las ideas, porque el mejor libro no es necesariamente el que más se vende. Afortunadamente en todo el mundo hay editores que le apuestan a la calidad literaria, científica, de contenido y que se arriesgan a hacer libros de buena calidad, aunque sean de venta dudosa. Esos textos no pueden desaparecer, sería grave para la humanidad. Y luego está el fenómeno de las grandes cadenas de librerías, que acá todavía no se dá, que imponen condiciones a los editores y promueven los que deciden serán los best sellers.

—¿Entonces es cierta la leyenda urbana sobre la manipulación de las listas de los más vendidos?
Tal vez no tanto, pero hay toda una situación de mercadeo donde se realiza una gran inversión financiera en todo el proceso de producción del libro. En otros países, las grandes editoriales reservan y pagan por el espacio en las vitrinas. Hay una estructura organizativa que crea los best sellers. Son excepciones los libros que salen de manera modesta y de repente se convierten en grandes ventas para sorpresa del editor. Se crea todo un programa de marketing que no tiene absolutamente nada que ver con la calidad intelectual del libro.
—Como el caso de los libros de autoayuda. ¿Es usted enemigo de éstos?
Son un reflejo de las necesidades de la gente, creo que los seres humanos estamos en una época llena de problemas y andamos buscando soluciones. Algunos buscan soluciones en la religión y otros en la autoayuda. Todos los libros van en la misma línea y tienen una receta. Pero la solución no está en un libro, no les dará la solución. Creo que estos libros juegan mucho con las emociones y con los anhelos de la gente.
La mejor manera de salir de la pobreza es el desarrollo intelectual, estamos en una época donde pesa mucho el conocimiento.
—Son los más vendidos en Guatemala. ¿O no?
Yo creo que sí. Lo que más se vende es autoayuda y religión. Philip (Hunziker, propietario de Sophos) dice que el autor más vendido en aquí es Dios. No estoy en contra, a veces es mejor un "buen libro" de autoayuda, que un mal programa de televisión. Es mejor leer a Paulo Coelho que ver esa basura de talk shows. Hay para todos los gustos y eso es una maravilla. Por ejemplo, los libros de cocina se venden muy bien, y si la gente compra libros de recetas de cocina, pues no está mal que compre libros de recetas del alma, que le funcione es otra cosa. Yo le agarré el amor a la lectura leyendo chistes, otros seguirán leyendo novelas de vaqueros, otros novelas de amor, que me encantan. Pero lo que no debemos permitir es que el libro de calidad literaria se deje de publicar en favor de los que simplemente te hacen pasar un rato agradable.
—Habla de calidad literaria, ¿cómo define usted lo que es un libro de calidad?
Yo no defino si es de calidad o no. Yo publico lo que me gusta, porque me parece que tiene algo que aportar, porque me gusta como está escrito. Publico libros que a mí, como lector, me gustaría leer y afortunadamente para mí, como editor, creo que hay un sector relativamente amplio en Guatemala que comparte mis gustos. Y aunque sea en cinco años termino vendiendo los mil ejemplares. Porque no nos hacemos ricos, no es casualidad que no encuentres entre los editores los apellidos de abolengo. Este negocio te permite vivir modestamente bien, no esperes hacerte millonario.
—Y qué hay de los escritores ¿Pueden vivir de sus escritos?
En Guatemala no conozco a ninguno. Pero tampoco en el mundo hay muchos que viven solo de sus derechos, la gran mayoría comparte con otras actividades. Pero es parte del interés por el desarrollo de la industria editorial, que se puedan vender más libros para que los escritores que se esfuerzan, también reciban más.
FUENTE: La Revista / Diario de Centro América. Págs. 4-5. Guatemala, viernes 25 de julio de 2008.
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